martes, 26 de abril de 2016

Leyendo un cuento: El bosque de Murci

https://www.youtube.com/watch?v=eTWyARBfK0w

En esta entrada añado un enlace en la que leo un cuento.
Es una historia que escribí para prevenir el acoso en un grupo de 5 años. En esta edad no hay acoso pero sí se puede prevenir.
Adjunto el texto por si a alguien le pudiera ser de utilidad. Es la versión larga: se puede acortar.
Sólo decir que la lectura con público infantil siempre sale mejor...!







EL BOSQUE DE MURCI

Había una vez un bosque en otoño
Los árboles, que parecían pintados de naranja, rojo y amarillo, se quedaban sin hojas
Y dejaban ver los agujeros del tronco
Por estos agujeros, si uno está muy atento, asomaban cientos de ojitos brillantes
y algún que otro bigote
Y es que muchas familias de ardillas tenían allí su hogar
Murci vivía en un confortable agujero con su mamá
Tenía este nombre un poco extraño
Sí, tenéis razón, era un nombre más de murciélago que de ardilla
Pero es que Murci saltaba tan alto, que a veces parecía volar
Estiraba su larga cola, usándola como un timón, dominando el viento
Volaba de rama en rama
Ooohhhh decían sus compañeros ardilla en la escuela cuando saltaba
Oooohhh volvían a decir
Ooooooh oooooh oooohhh decían otra vez
Así que el nombre le iba al pelo (de ardilla, claro)
A finales de verano, su padre había salido en busca de bellotas, y tardaba más de la cuenta en volver
Murci y su mamá estaban un poco preocupados
Una tarde de otoño, de esas en que la luz y el cielo cambian mil veces de color en un solo día, muy sigilosamente se acercó una tormenta
Y se colocó justo encima del árbol de Murci
Murci enseguida olió la tormenta con su pequeño hocico
Y pensó que su papá estaría fuera, mojándose, puede que perdido
Así que cuando su madre estaba atareada preparándole el baño dentro de una cáscara de nuez
Murci salió, de puntitas con sus patitas acolchadas
Enseguida notó que uno de sus bigotes se doblaba por el peso de una gran gota de lluvia
Y poco a poco las gotas fueron cayendo, cada vez más rápido, empapando su pelaje
Murci sabía que debería entrar
Que su madre se estaría preocupando
Pero algo le mantenía fuera
                Sería la preocupación que sentía por su papá
                Sería la atracción que sentía por ver la belleza de la tormenta
La tormenta empezó a hacer mucho ruido, aunque no parecía nada enfadada
Lo que no sabía Murci, es que cuando la tormenta está justo encima de nuestras cabezas, los truenos y los rayos van muy juntitos, uno detrás de otro
Así que el trueno sonó, fuerte
Y  el rayo cayó, atravesando el árbol de arriba abajo

Al principio, Murci no entendía qué había sucedido
Notó un olor a chamusquina, a barbacoa de los domingos
Se sintió más liviano que nunca
Entonces, miró para atrás
Y en un segundo lo entendió todo, porque era listísimo
Su cola ya no estaba.
El rayo se la había llevado.
Quizá había acabado en el fondo de la tierra, por donde decía la Srta. Búho que van a parar los rayos, que hay una bola de fuego y lava
O quizá simplemente se había deshecho como el humo en el aire

Al volver a casa, su mamá lloró un poquito
Pero le dijo que lloraba de emoción y alegría porque Murci hubiera vuelto
Que la cola le daba igual, lo importante es que ÉL estuviera allí
Y le puso Betadine y una venda de la que Murci se sintió tremendamente orgulloso

Al día siguiente, Murci volvió a la escuela
Pero aunque fuera en el mismo árbol, y la maestra fuera el mismo búho, nada parecía ser lo mismo
Ya no se oía ningún ooooh ooooooh oooooh cuando pasaba
Ni oooh
Ni oh
El resto de ardillas vinieron a olisquearle la cola
La buscaban por todas partes, pero no la encontraron
Sus ojitos ya no eran grandes
Empezaron a volverse estrechos
Como si tuvieran sueño
Qué raro
Entonces Murci escuchó una primera risita
Era de Bartolo
Bartolo era una ardilla muy grande
Con una cola larga aunque un poco despeinada
Su risa parecía salir del fondo de su tripita
Y la risa es muy contagiosa, más que los catarros
La risa se oía cada vez más fuerte
Salía de cualquier lugar
Eso no es una ardilla
Empezó a escuchar
Será una rata
Si, una rata
Una rata, si
Vete al colegio de ratas
Fuera del bosque
Alcantarilla abajo
Y la risa se volvía a oír como un eco
Murci no sabía que le pasaba
Sus bigotes estaban mojados pero no había tormenta
Las orejitas picudas se le doblaron para bajo
No quería mirar alrededor, ni para arriba
Así que sólo vio la hierba pasar y pasar
Al cielo no miró para nada
Por si acaso
Agachó la cabecita
Y se marchó a su casa

Al día siguiente pasó lo mismo
Y al otro
Y al otro
Y así siete días con sus siete noches y siete lunas a las que daba una pena horrorosa contemplar

Un día, Murci estaba solito en el recreo tomando su merienda de avellanas
Y se acercó una ardillita pequeña
-Hola
Soy Miguita
¿Puedo sentarme a tu lado?

Murci asintió contento
Miguita tenía los dientes muy separados
Y se le caían las nueces entre ellos cuando masticaba
La verdad es que a ella el nombre también le iba muy bien.
Desde esa mañana las dos ardillas no se separaron
Las risas seguían surgiendo de lugares inexplicables
Pero el estar juntos les hizo más fuertes
Cuando alguien decía

-Murci, te voy a pisar la cola
Ah, no puedo, no tienes!!
jajajajaja

-Murci has roído queso hoy?
Era muy apestoso?
jajajajaja

-Murci, vete a dormir
Eso sí, boca abajo
Como los murciélagos
juauauajajaaaaa

Miguita y Murci observaban
Le parecía que Bartolo y las ardillas que les acompañaban parecían algo enfadados
Con ellos, pero también con el mundo
Hasta con ellos mismos

Bartolo nunca traía merienda. Le sonaban las tripas a distancia
-Pobre, decía Miguita
Su mamá estará muy ocupada

Tampoco debía bañarle ni peinarle el pelaje
                -Pobre, decía Miguita

A Murci también le empezó a dar pena
Un día, al entrar en el colegio, escuchó como siempre la risa de Bartolo
Levantó la mirada y se acercó a él
Decidido
El resto de ardillas se quedaron como congeladas
No sabían cómo iba a acabar el asunto
Bartolo resopló un aire muy caliente por su hocico
Estaba preparado para la pelea
Murci cada vez estaba más cerca
Todo parecía suceder como a cámara lenta
Entonces, Murci rodeó firmemente a Bartolo con sus brazos
Y le dio un fuerte abrazo
Bartolo estaba muy tieso
De repente, empezó a temblar
Y de manera muy tímida, el también abrazó a Murci

-Te perdono, dijo Murci
-Lo siento, dijo Bartolo

Bartolo le dijo que lo sentía muy bajito
Susurrándole en la orejita peluda
Pero lo dijo

Murci se dio la vuelta
Le dio la sensación de estar blandiendo su magnífica cola invisible en el aire
Las ardillas contenían la respiración

                -Vamos Miguita, dijo
                No lleguemos tarde a casa
                Mi madre nos ha preparado tortitas con salsa de arándano para merendar

Y así, los dos amigos se marcharon juntos, sin soltarse la patita
               
-Hasta mañana, dijeron al unísono
                -Hasta mañana, contestaron todos sus compañeros

Mañana
No sabemos qué pasará
Lo que si sabemos
Es que será otro día.



FIN

jueves, 7 de abril de 2016

Adaptación de un cuento de los Hermanos Grimm: Todas las pieles



Había una vez un rey y una reina del reino de los prados, de la hierba y de los tréboles.
El rey se llamaba Escarabajo y tenía el pelo negro con reflejos verdes, como el escarabajo cuando luce su cuerpo bajo el sol. Se pasaba las horas leyendo y guardaba en una de sus cámaras secretas una colección de miles de perfumes, jabones y ungüentos, pues era muy presumido.
La reina Río organizaba el castillo y hacía las funciones del estado. Cabalgaba mejor que las Amazonas y, al menos para el rey, las superaba holgadamente en belleza. Su larga trenza dorada hacía las veces de enigmático objeto hipnótico y de látigo.
Los reyes pasaban las tardes paseando juntos bordeando la muralla del castillo- El rey recogía flores y le decía a su amada:
¡Oh mi reina, cuándo nuestro deseo de tener un hijo se hará realidad!

Tres veces tuvieron que ver los almendros florecer, hasta que la reina quedó embarazada y un día por fin dio a luz a una bebé.
Pero el nacimiento no fue fácil. Desgraciadamente, los médicos no pudieron ayudar a la reina. Sólo podía vivir una de las dos, y la reina no dudó ni por un instante.
Justo antes de morir, la reina agarró la mano del rey Escarabajo y dijo:
-Amado mío. Siempre os llevaré conmigo. He de pedirte que le pongas de nombre a la niña Edelweiss, pues nuestro bebé ha florecido como la primera flor de la montaña que se abre paso entre la quietud y la blanca muerte del invierno.
Ahora ve a casa y saca de debajo de la cama una pequeña caja de madera, donde encontrarás tres regalos de mi parte para ella:
Una flor, como su nombre
Una moneda de la buena suerte
Un anillo para que encuentre el amor
Todos de un oro tan reluciente como el rostro de nuestra hija.
Una cosa más. Es mi última voluntad que busques una nueva esposa, pero deberá ser más bella que yo.
 Y así, la reina se desvaneció en el aire como los remolinos de viento frio en el fulguroso aire de de primavera.
 El rey, aunque ilusionado por el nacimiento de su hija, no podía liberarse de la tristeza. Y al final, lo cuento bajito, casi como en un susurro… enloqueció.
Durante el día daba vueltas y vueltas alrededor del castillo y regalaba flores a alguien invisible.
De noche se encerraba en su habitación y lloraba. A la mañana siguiente, llamaba traer regalos de todo el mundo para su hija.
Cumpliendo la promesa de la reina, buscó esposa hasta en el fin del mundo. Pero nunca encontraba a una que superara en belleza al de su difunta amada.
Un día, mientras oteaba de manera soñadora el horizonte desde la torre del castillo, vio a una mujer con una larga capa de terciopelo que atizaba el viento. Mientras miraba a la mujer, que cabalgaba dejando nubes de polvo a su paso que no dejaban ver su rostro, el rey decidió que se casaría con ella.
Sentado en una almena, se giró hacia un lado, y aunque sentado a su lado no había nadie, ofreció una flor al aire y dijo:
-Voy a cumplir tu promesa.
Al entrar cabalgando en palacio, el rey estaba esperando, y no pudo sorprenderse más cuando vio que se había prometido casarse con su propia hija.
Al encontrarse, la princesa preguntó extrañada:
-Qué os sucede, padre? Parece que hayáis visto un fantasma
El semblante del padre, en efecto, era muy serio.
-Hija, te has hecho mayor y eres ya más bella que tu madre. Cuando cumplas dieciocho años, habremos de casarnos. Así lo ha querido el destino.

La princesa se estremecíó, la princesa estaba triste.
¿Qué le pasa a la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
Pues ha perdido la risa, ha perdido el color
(se puede continuar aquí mientras se cuenta la historia recitando algunos versos más de Rubén darío, para meter poesía en un contexto y para hacer las veces de entremés)

La princesa siguió creciendo y el día de la boda se acercaba. Para retrasarlo, fue a hablar con su padre y le pidió que como regalo de boda quería un vestido tan reluciente como el sol, tan plateado como la luna y tan brillante como las estrellas.
Al cabo de unos meses, la princesa recibió sus vestidos.
Los preparativos de la boda se reanudaron. Entonces la princesa pidió que quería un abrigo hecho de todas las pieles de animales como especies había en el planeta.
Un año entero tardó la princesa en recibir este regalo, y casi se había acostumbrado a no estar casada. Pero finalmente el rey le dijo que la boda no podía posponerse más.
Esa misma noche, la princesa hizo un hatillo y guardó los regalos de su madre y sus vestidos. Se puso el abrigo de todas las pieles
y huyó.
El rey mandó a su guardia por todos los reinos.
Pero la princesa se ocultó en el bosque, y los árboles, los frutos y los animales fueron su cobijo.
Un día que la dormía en su mullido lecho de musgo, escuchó las voces de unos soldados. Se ocultó en un pequeño agujero, pero los hombres mandaron a los perros y allí no tenía escapatoria. Cuando la apresaron, la princesa vio que iban vestidos de otra manera y que desde luego no eran soldados de su padre. Llevaban largas capas doradas y coronas de trigo trenzado en la frente. 
Así que vio una oportunidad para volver a vivir entre personas, y comenzó a maullar, a ladrar, a aullar… mientras rogaba por su vida. Con su piel sucia y su abrigo de pieles los hombres la tomaron por un animal, pero como no sabían exactamente cual era, le llamaron Todas las pieles.
Le llevaron a su castillo y le dejaron con el cocinero, que desde hacía tiempo necesitaba un ayudante.
Entonces apareció el Rey Trigo. Parecía caminar con una montaña de ideas y buenos pensamientos a su espalda, que llevaba de una manera liviana y elegante.
La princesa se quedó deslumbrada, y el príncipe notó un temblor de estrella en su mirada.
Mandó entonces que la lavaran y la asearan.
El tiempo pasó. El príncipe estaba ocupado con las responsabilidades del reino y la princesa aprendía a cocinar los platos más deliciosos acompañados por el mejor pan del mundo.
Pero los consejeros del rey le presionaban con que tenía que buscar esposa, así que organizaron un baile para invitar a todas las damas del reino.
En la noche del baile, el príncipe se aburría. Todas las princesas iban de rosa y hablaban de cosas insignificantes. (recuerdo a Irene Labajo: Ser princesa no es un cuento)
La princesa pidió al cocinero si podía ir a recolectar los guisantes del huerto, pues era luna llena. Como era trabajadora, el chef le tenía en alta estima, así que le dejó. Ella así lo hizo, y bajo la luna en cuarto creciente, se puso el vestido dorado. Al entrar en el salón de baile, pareció más bella que todos los tesoros del mundo que sumergidos, centellean en el fondo del mar.
Enseguida el príncipe sacó a bailar a Todas las pieles, y no pararon en toda la noche.
El baile acabó y todos se retiraron. El príncipe quiso despedirse de la princesa, pero había desaparecido. 
Estaba quitándose el vestido, revolviéndose el pelo y tiznándose la cara con hollín del horno de leña.
Era costumbre que antes de dormir el rey tomara un caldo caliente que el mismo cocinero le subía a la habitación. Pero la princesa le enseñó los guisantes y le convenció para subirlo ella.
Cuando entró en los aposentos del rey, este leía al lado de la chimenea.
-Aquí tiene su caldo, Majestad.
-Hmmm, respondió el príncipe.
Así que Todas las pieles dejó el bol encima de un pequeño velador y se marchó.
Al tomarse el caldo, el rey notó algo extraño en el fondo. Brillaba y tintineaba en el plato. Al sacarlo, vio que era una moneda de oro.
Se quedó pensativo.
-Una noche mágica, pensó.

A la semana siguiente, el príncipe decretó otro baile, puesto que era la única manera de encontrarse con la misteriosa mujer con la que había bailado.
En la noche del segundo baile, la princesa pidió permiso para pelar los guisantes. Se dio mucha prisa y se puso, bajo la media luna, el vestido de plata y, al entrar en el salón de baile, todos los invitados se bañaron en la luz de la luna.
Durante toda la noche bailaron juntos. Pero cuando el sol despuntó y cantaron los primeros gallos, la princesa había desaparecido.
También en esta ocasión pidió subirle el caldo al rey. El cocinero dudó, pero le enseñó los guisantes y le convenció.
Cuando entró en los aposentos del rey, este leía otra vez al lado de la chimenea.
-Aquí tiene su caldo, Majestad.
-Hmmm, respondió el príncipe.
Así que Todas las pieles dejó el bol encima del pequeño velador y se marchó.
Al tomarse el caldo, el rey notó algo extraño en el fondo. Parecía crecer resplandeciente del plato. Al sacarlo, vio que era una pequeña flor de oro.
Se quedó pensativo.
-Otra noche mágica, pensó.

El príncipe decidió convocar el último baile dispuesto a que esta vez no se le escaparía la misteriosa mujer.
En la noche del tercer baile, la princesa pidió permiso para hervir los guisantes. Bajo la luna llena, se puso el vestido tan reluciente como las estrellas, y, al entrar en el salón de baile, pareció que una parte del cielo estrellado había bajado a la tierra.
Durante toda la noche bailaron juntos. Pero cuando el sol despuntó y cantaron los primeros gallos, la princesa había desaparecido.

También en esta ocasión pidió subirle el caldo al rey. El cocinero dudó, pero le enseñó los guisantes y le convenció.
Cuando entró en los aposentos del rey, el príncipe tenía el libro cerrado en su regazo.
-Aquí tiene su caldo, Majestad.
-Gracias, respondió el príncipe. Me lo tomaré ahora mismo. Por favor, espérese.
La princesa esperó. Entonces, cuando hubo acabado, dijo:
-Acercaos.
La princesa temblaba cuando el príncipe le cogió la mano y la rodeó con su gran puño. Al abrirlo, Todas las pieles vio que algo brillaba en su dedo anular. Era el anillo, su último regalo, que ella misma había puesto esa misma noche en el fondo del plato del príncipe.
-No me importa que seas reina o plebeya. Has demostrado que eres la mujer más bella, astuta y buena que conozco.
Así, se abrazaron y se quedaron inmóviles, como encantados, toda la noche, envueltos en la cambiante luz de la lumbre.
Al mismo día siguiente, se celebró la boda que todos recordamos. 
El reino se llenó de pequeñas flores blancas; parecía estar nevado. Los banquetes y la música duraron siete días y siete noches seguidos. Todo el mundo quería celebrar la felicidad del Rey Trigo y la reina Edelweiss.
Fueron felices, comieron perdices…

…y tuvieron tres hijos: uno resplandeciente como el sol, otro como la luna y el pequeño como las estrellas. Una noche que la reina entró en el dormitorio, los pequeños habían desaparecido.
Decidieron salir al bosque para conseguir un abrigo de Todas las pieles para su padre.
Pero eso ya es otra historia

lunes, 21 de marzo de 2016

Reseña de un libro de literatura infantil: El árbol generoso



Prólogo

He elegido como primera reseña de este blog el libro de 1964 El árbol generoso, The Giving Tree, de Shel Silversten.

El libro de autor de literatura infantil es un objeto artístico. Aquí tenemos un ejemplo de un libro delicado y a la vez poderoso, repleto de valores, de celebración de la infancia, la naturaleza y el amor, pero también de las pasiones humanas más oscuras. Con un alto contenido en lenguaje simbólico, como obra de arte que es, nos transforma al leerlo.

La primera vez que leí este libro me emocioné profundamente, y cada vez que repito la lectura no dejo de hacerlo. Pero he de decir que he seleccionado este libro por el impacto que ha tenido en el aula de infantil. En varias ocasiones he realizado lecturas en una clase de cuatro y siete años respectivamente que han tenido una gran acogida en los niños. Esto es importante, puesto que tanto la dimensión como la comunicación artística parece ampliarse cuando se comparte la lectura entre todos. Así, si la emoción es intensa en la lectura personal, sin duda se amplifica en la lectura en grupo.

También puedo asegurar que, aunque sabemos que en esta edad el niño presenta poca empatía, ya que se encuentra en pleno periodo de desarrollo egocéntrico, he observado que sí se produce una fuerte identificación del niño tanto con el niño de la historia como con el árbol (esto se detallará más adelante), y que los niños a los que se los he leído no han podido contener la respiración, ni tampoco las lágrimas. El niño, desde una edad muy temprana, puede no poseer empatía, pero sin duda es solidario por naturaleza.

Bienvenidos por tanto a la primera reseña de este blog… espero que os guste el libro.

Debemos acercarnos a la lectura de la misma manera que a una obra de arte. Esta sugiere a través de su propia simbolización: crea, construye. No podemos usar este libro como elemento aleccionador provisto de moralina, ya que no tendrá efecto sobre el niño. Dejar a la historia, a la poética, hablar por sí sola, es un recurso mucho más inteligente y eficaz… el niño se identifica con los personajes, con los modelos planteados, y va configurando su propio sistema de valores.

Considero que este libro es adecuado de cuatro a cien años. Tiene muchos valores implícitos y para todas las edades se pueden encontrar elementos susceptibles a tratar. Y como obra de arte que es, llega a todos. Además, como analizaremos más adelante, uno de los personajes positivos es el niño… y sabemos que los adultos que saben conectar con esa parte pasada pero no perdida que es la infancia, parecen estar en clara ventaja en la vida...
Como este trabajo es sobre el Educación Infantil, vamos a enmarcarlo para trabajarlo de cuatro a siete años.


Ficha bibliográfica

Título: El árbol generoso
Autor e ilustrador:
Shel Silversten
Editorial:
Kalandraka
Fecha 1ªedición:
1964
Edad en la que me baso para realizar este análisis: de cuatro a siete años

Biografía

Sheldon Allan Silverstein
Sheldon Allan Silverstein (25 de septiembre de 1930 - 10 de mayo de 1999), más conocido como Shel Silverstein, fue un poeta, cantautor, músico, compositor, dibujante, guionista y autor de libros para niños estadounidense. 
Su biografía es impactante y quizá deba leerse después de haber procedido a la lectura de sus obras.
https://es.wikipedia.org/wiki/Shel_Silverstein


Notas sobre la primera edición y su entorno

La primera edición de este libro es de 1960. Son los años en los que el hombre, tras arrasar, como por cierto no ha dejado nunca de hacer, la naturaleza de manera despiadada, empieza a tomar conciencia de cuidar el medioambiente. Es este uno de los temas que veremos más adelante. 

Es un libro en blanco y negro, tan de moda en la época a través del op-art y del cómic americano e italiano. Lo más reseñable en esta época es el movimiento de artistas Minimal que surgen en Estados Unidos de la mano de artistas como Robert Morris, Sol Lewitt, Carl Andre o Donald Judd. Ahora parece que minimal es todo, sin embargo, el auténtico minimalismo de los 60´s, arte de las estructuras primarias, sustituye el arte objetual por el arte del concepto. El mensaje y la representación artística se reduce a lo primario; nada gratuito se expone a la mirada: Less is more. Así sucede también en el libro, que parece hacerse eco de este lenguaje artístico: todo está reducido a la esencia de lo que simboliza: no hay uso de color, y cada palabra, cada frase, encuentra una significación profunda.

La tipografía, típico modelo academicista anglosajón, con las letras “que no se dan la mano” (lo contrario a lo que aquí consideramos correcto), y un pequeño vestigio de temblor en su trazo.

El dibujo, de línea, simple, expresivo y caligráfico, “habla” al lector al igual que lo hacen las frases del libro. En algunas páginas, ni siquiera encontramos texto. Aquí tenemos un ejemplo de cómo palabras y dibujos se funden, con esta bellísima dedicatoria del autor a su novia de entonces:


La portada es el único soporte en el que encontramos color: una portada verde salpicada con pequeñas manchas rojas, que expresan la serenidad y presencia de la Naturaleza atravesada acaso por las buenas y malas pasiones humanas.

El formato es manejable para niños en etapa de infantil: las hojas quizá son algo finas, por lo que habrá que esperar a “entregarlo en mano” a niños de cuatro o cinco años.



Temática y personajes

Acerca del tema principal, es interesante cómo este es un libro sobre el que ni los especialistas ni los lectores se ponen de acuerdo. Mientras unos consideran el tema principal como el “amor incondicional”, otros se decantan por “un inquietante relato sobre el eterno egocentrismo y egoísmo del ser humano”. Y es que este libro no deja indiferente; igual de amado que de odiado, figura en la lista del New York Times de “Los cien libros que podrías odiar”.


Mi pretensión es ver aquí cómo estos temas a los que apuntan los lectores conviven en la obra. Y es que no podemos obviar el aparente tópico: ¿es posible hacer el bien sin la conciencia del mal? ¿Qué es una buena historia infantil? ¿Acaso no apelan las temáticas de las grandes historias a la oscuridad, al miedo y a los instintos de destrucción? Para nuestra justificación habría que buscar en la teoría de Freud del Eros y el Tánatos (impulsos de amor y de muerte) o en la visión bettelheimiana (Psicoanálisis de los cuentos de hadas)

Por eso en este libro es especialmente importante el diálogo tras la lectura, como veremos más adelante: en este debate, el niño encontrará sus propios valores y elegirá qué caminos tomar.

El tema principal del libro es, sin lugar a dudas, la perversión del adulto, que al alejarse del mundo infantil, se aleja de su propia naturaleza.

Temas secundarios son por tanto el respeto a aquella, los valores, y la manera en que se ama, porque se puede amar bien o mal. El libro comienza:

Había una vez un árbol
Que amaba a un pequeño niño.

Esto no es otra cosa que la presentación del primer personaje. Es el dibujo el que nos da información sobre el árbol: robusto, alto, con un gran tronco, grandes ramas y frutos. El texto, sin embargo, sólo le da peso a un aspecto de la psicología del árbol: es, ante todo, un ser que ama. Esto, como diría Hamlet, le permite ser. Pero también, desde la segunda frase, encontramos un recurso de personificación. Al amar, nos exponemos, puesto que nos colocamos en el otro; en tanto que no nos corresponde, nos destruye.

El niño le corresponde: el autor pasa a presentarnos el segundo personaje. Pequeño, sensible, el autor le describe inmerso desde el ideario barroco, puesto que el niño se mimetiza y funde con el árbol; está, al fin y al cabo “hecho de la misma materia”. En varias páginas encontramos que el texto describe acciones del niño, pero en la ilustración sólo aparece el árbol.



Todos los días viene, y juega. Es esta mención del autor de gran importancia, puesto que el niño es bueno en tanto que mantiene el juego simbólico, juego que como veremos abandonará en el futuro (en vez de ser capaz de transformarlo y adaptarlo a la vida adulta), con las consiguientes consecuencias nefastas. El bello árbol, expresión, como todos los árboles, del dominio del tiempo: dominio con el que el niño va a acabar.

El niño se mece en las ramas del árbol, recoge sus frutos, juega a ser el rey del bosque y al escondite, se refugia en su sombra.

Y el árbol es feliz.

Hay por tanto una reciprocidad en el afecto, en el que los dos dan y reciben. Los dos son felices porque el otro es feliz.

El niño llega a la adolescencia, y por supuesto, no hay mejor lugar para compartir sus primeras experiencias amorosas que debajo del árbol.

Pero el tiempo sigue pasando, nos encontramos con una gran elipsis temporal, y el niño se hace mayor.
Y aquí viene la parte espeluznante, esa en la que al escucharla los niños (os aseguro que los he visto) se echan las manos a la cabeza, se encogen desde dentro de su cuerpo, se tapan ojos y oídos. Y es que es el momento de presentar al tercer personaje, ya que el niño, al volver a la historia convertido en adulto, no es el mismo.

Este creo que es, o debe ser, el tema principal a tratar: el niño, al crecer, puede perderse en el bosque y no encontrarse. El hombre que vemos no tiene nada que ver con aquel niño. Ha perdido el contacto con la naturaleza. Sus valores están trastocados y pervertidos: la bondad, la empatía, la tolerancia (por citar algunos) se han sustituido por la avaricia, la codicia, el poder.

-Ven, niño. Mécete en mis ramas.
-Yo ya soy grande para trepar y jugar
Quiero dinero para divertirme y poder gastarlo (…)

Y he aquí donde empieza la descuartización del amor…

El “niño”, como acertadamente, aunque sin respuesta, le sigue llamando el árbol durante toda la historia (pues reconoce en el adulto la esencia infantil), le pide en diferentes etapas de su vida al árbol sus frutos, luego sus ramas y finalmente su tronco, despojándole de todo. El hombre claramente “ha fracasado”: aun acabando con el árbol, necesita de su ayuda, de su destrucción, para su propia supervivencia. El final no puede ser menos melodramático: cuando al árbol no le queda nada y es tan sólo un viejo tocón, le pide al niño que descanse sobre él.

Ven, niño, reposa
Y el árbol fue feliz.

Lectura dialéctica
Después del impacto que produce en el niño esta lectura, hay que aliviar la tensión a través de las preguntas que se plantean en la lectura. Esto produce la experiencia catártica fuera de la lectura y no dentro de ella.

Sin desvelar, proporcionando buenos instrumentos para la navegación, el maestro o lector guía, para que el niño saque sus propias conclusiones.

Es bueno empezar por el principio. Trasladar al niño dentro de la historia, llevarle a alcanzar sensaciones similares, es un recurso muy poderoso. El niño vive “lo bueno de la vida” con el árbol: se mece en sus ramas, se cobija en su sombra, está, en definitiva, en comunión con la naturaleza. Unas buenas preguntas serían:

-¿Habéis sentido algo parecido? ¿Os habéis mecido en las ramas de un árbol, en las olas del mar, en los remolinos de viento?.

El lenguaje con los niños a menudo cuánto más poético mejor, puesto que deja la puerta abierta a sus propias conclusiones. Enseguida levantarán la mano intentando dominar su pasión y su paciencia:

-Pues yo en verano meto los pies en el agua,
-Pues yo me quedo más hipnotizado con el fuego que con los dibujos,
-Pues yo también estoy seguro de que mi perro me entiende, etc etc.

Una vez que vayamos avanzando en la revisión del libro, llegamos al tema principal. A menudo hay que “saltar al final” para poder comprender el conflicto central.

-Qué os parece este señor, os gusta?

Las respuestas son evidentes:

-A mi no me gusta nada, es malísimo, sólo piensa en sí mismo, ha destruido el árbol etc etc.

-Pero y el niño, os gustaba?. La identificación se produce en el niño con el niño y el árbol; no así con el adulto de la historia. Llegamos aquí al planteamiento principal:

-Qué le ha sucedido al niño (que no hemos visto) para volverse así.
Aquí los niños muestran una inteligencia muy superior al adulto. Para ellos, nadie es malo porque sí, y así debemos inculcárselo. Como la bruja Babayaga, “que sólo tenía un diente, y tanto se rieron los niños que se volvió mala, mala”.
Sus respuestas son sobrecogedoras: (recopilo algunas sacadas de mi aula)

-A lo mejor no tenía mamá
-Su familia no le trató bien
-Le pasó algo horrible, que no sabemos
-No tenía padre
-No le hacían caso
-Se perdió y cuando volvió a encontrar el bosque, estaba atontao
-Su mamá trabajaba mucho
-No le enseñaron bien las cosas

Todos son, sin duda, buenos argumentos. El “señor malo”, como ellos se refieren a este niño perdido, no puede haberse hecho malo sin más. Sin duda puede haberle pasado algo triste, puede estar enfadado, o simplemente, como dice la última frase, no le han enseñado bien. Sin duda, en su aprendizaje han primado unos valores que no son los auténticos.
Al igual que Max de Donde viven los monstruos, con una madre demasiado ocupada, acaso visita a sus propios monstruos, el niño de esta historia no puede volver de esta visita. Y no sale del bosque nunca más.


Bibliografía:
Sigmund Freud: Tres ensayos sobre teoría sexual. Biblioteca clásicos El País, 2001.
Bruno Bettelheim: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Planeta, 2012.
Teresa Colomer: Andar entre libros, la lectura literaria en la escuela, 2006.









lunes, 7 de marzo de 2016

Actividades de clase

Esta es la etiqueta a la que acceder a las actividades de clase.

Indice

1.- Reseña de un libro de Literatura Infantil: El árbol generoso

2.- Adaptación de un cuento de los Hermanos Grimm: Todas las pieles

Sala II: Encuentra las diferencias

Cómo las diferencias enriquecen nuestro mundo y nuestro pensamiento es la función de esta sala. El tratar esta temática con los niños es muy importante para que ellos puedan ir construyendo su propio sistema de valores.

Adjunto aquí varios clásicos:


Elmer
David McKee
Beascoa

Las diferencias asustan, quizá porque en el fondo deseamos aquello que no conocemos... Las peculiaridades de Elmer acaban uniendo a todos los elefantes y creando nuevas celebraciones.




















Orejas de mariposa

Hay niños con sus diferencias bien asumidas. ¿Quizá a esta niña le hayan querido mucho y también puesto límites en casa?. Orejas de mariposa es un ejemplo de buen humor ante la vida y cómo aceptarse a uno mismo es tan importante para sentirse feliz.




Palabra con M: Metáfora



metáfora

Del lat. metaphŏra, y este del gr. μεταφορά metaphorá.

1. f. Ret. Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita, como en las perlas del rocío, la primavera de la vida o refrenar las pasiones.

metáfora continuada

1. f. Ret. alegoría (‖ plasmación en el discurso de un sentido recto y otro figurado).

domingo, 6 de marzo de 2016

Palabra con H: Hípetra





El nombre del blog, Hípetra, hace referencia a las salas de los templos egipcios, literalmente "a cielo abierto", es decir, descubierta, sin techumbre. Así, este aula es cibernética, voladora, sin techo y abierta a todos.

 Se denomina así al patio porticado de los templos situado inmediatamente a la entrada. Hasta él podía acceder el pueblo que, sin embargo, no tenía acceso a la siguiente estancia, la sala hipóstila, reservada para la aristocracia. (RAE)


Diccionario

 

En este diccionario irán apareciendo palabras relacionadas con la Literatura Infantil, o no.

Se usarán numerosas fuentes, comprobando qué diferentes pueden ser los significados que se otorgan desde diferentes diccionarios.
Y es que la RAE, la Sra. Moliner o Wikipedia no siempre parecen estar de acuerdo.

A esto hay que sumarle el propio significado representativo que cada persona otorgue al signficante.
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martes, 23 de febrero de 2016

Sala I: LOST

El hacerse mayor, el dejar el chupete o separarse de la familia para ir a la guardería, el miedo a perderse y quedarse solo... son separaciones necesarias por las que el niño debe pasar. Algunas las impone una Sociedad que a menudo "tira "demasiado de nosotras: otras son necesarias para el desarrollo del niño y su búsqueda de autonomía. En el cuento y en el libro ilustrado se ha trabajado simbólicamente estas separaciones a través del concepto de pérdida..

Presentamos aquí tres buenas elecciones para trabajar este aspecto:



                                                                  
Bumba y Bembé, el elefante
El elefante bembé está llorando, pues a perdido a su familia. Bumba le ayuda en la búsqueda...


TítuloBumba y Bembé
Autor: Cyril Hahn
Editorial: Edelvives
Año de edición: 2005
ISBN: 978-84-263-5908-7
Páginas:14
Idioma: Castellano







                                                                    Caperucita Roja
Este libro, aunque lo trataremos en el apartado de cuentos populares, implica la separación de la familia característico en una edad infantil más avanzada, en la que el niño se debe independizar, y los peligros (reales y simbólicos) que conlleva hacerse mayor.




Smokken (El chupete) 
En este libro el bebé pierde su chupete. Su encuentro le posibilita precisamente para hallazgo: ser capaz de dormir solito.

Ficha por rellenar!!


Son numerosos los libros infantiles o cuentos populares que nos hablan de la pérdida. Esto no es casual, sino un recurso necesario para que el niño pueda elaborar todas las Pérdidas/Separaciones que va a vivir a lo largo de su vida.

Esta elaboración se produce a través del plano simbólico. este puede estar planteado en el juego, el el dibujo, en la narración de historias...
En el caso del libro infantil, el aspecto simbólico estará caracterizado por:
-La escucha de la historia, dramatizada en su justa medida por el ponente
-El visionado de las ilustraciones, de carácter artístico
-El ritual de comienzo y final de la lectura

En definitiva, todo obedece a la representación simbólica a través de la cual nos comunicamos y construimos la realidad, dimensión tan importante en la edad infantil.

El niño, a través de estas acciones, construye la realidad, y sostiene esta construcción a través del lenguaje.

La pérdida se plantea por tanto de manera simbólica, artificial, lo que permitirá elaborar de una manera positiva la pérdida real.

Muchos son los tipos de pérdida por los que el niño atraviesa. Sin duda, la más significativa, es la pérdida del estado fetal. El bebé, inmerso en un mundo idílico, es expulsado repentinamente “al vacío”, después de sentir una enorme constricción en su cuerpo. Ha perdido en un momento el medio ambiente perfecto, la flotación y la nutrición sin preocupaciones.
Esta pérdida producida en el alumbramiento provoca una impronta en el ser humano que se mantendrá para siempre.

Otras pérdidas importantes le suceden: La ausencia inevitable del objeto materno (que puede personificarse en una o dos personas de diferente género, siempre que cumplan esta función), el destete, el pañal, el chupete, la guardería… no son más que separaciones naturales y necesarias, que se suceden una tras otra pero que no están exentas de ser un proceso de duelo en el niño, provocando a menudo angustia y dolor.

No sólo las pérdidas necesarias se trabajan a través de lo simbólico. El perderse, esto es, quedarse sólo (la pérdida del objeto), el abandono, es el Gran Fantasma del niño, que no es capaz de sobrevivir sin los cuidados biológicos necesarios, pero tampoco sin los cuidados afectivos. La "resolución simbólica" de este miedo ayuda mucho al niño a formarse una seguridad y una autoconfianza.
Un ejemplo de esto Es Bumba y Bembé.

La pérdida se usa también como metáfora de la independencia: el ser humano necesita perderse del adulto para tomar sus propias decisiones, y estas deben ser correctas. 
Un claro ejemplo es Caperucita y las amenazas que supone tener que independizarse. (Al tratarse de un cuento popular, se encontrará la ficha en la Sala de Cuentos Populares)

Otra manera de tratar la pérdida es perder un objeto que simbólicamente se encuentra en uso, y para cuyo extravío el niño no se siente preparado. 
Es el caso del libro de Smukken (el Chupete). 



El supuesto de la pérdida de un ser querido, al ser irremplazable, la vamos a tratar en otro apartado.