lunes, 21 de marzo de 2016

Reseña de un libro de literatura infantil: El árbol generoso



Prólogo

He elegido como primera reseña de este blog el libro de 1964 El árbol generoso, The Giving Tree, de Shel Silversten.

El libro de autor de literatura infantil es un objeto artístico. Aquí tenemos un ejemplo de un libro delicado y a la vez poderoso, repleto de valores, de celebración de la infancia, la naturaleza y el amor, pero también de las pasiones humanas más oscuras. Con un alto contenido en lenguaje simbólico, como obra de arte que es, nos transforma al leerlo.

La primera vez que leí este libro me emocioné profundamente, y cada vez que repito la lectura no dejo de hacerlo. Pero he de decir que he seleccionado este libro por el impacto que ha tenido en el aula de infantil. En varias ocasiones he realizado lecturas en una clase de cuatro y siete años respectivamente que han tenido una gran acogida en los niños. Esto es importante, puesto que tanto la dimensión como la comunicación artística parece ampliarse cuando se comparte la lectura entre todos. Así, si la emoción es intensa en la lectura personal, sin duda se amplifica en la lectura en grupo.

También puedo asegurar que, aunque sabemos que en esta edad el niño presenta poca empatía, ya que se encuentra en pleno periodo de desarrollo egocéntrico, he observado que sí se produce una fuerte identificación del niño tanto con el niño de la historia como con el árbol (esto se detallará más adelante), y que los niños a los que se los he leído no han podido contener la respiración, ni tampoco las lágrimas. El niño, desde una edad muy temprana, puede no poseer empatía, pero sin duda es solidario por naturaleza.

Bienvenidos por tanto a la primera reseña de este blog… espero que os guste el libro.

Debemos acercarnos a la lectura de la misma manera que a una obra de arte. Esta sugiere a través de su propia simbolización: crea, construye. No podemos usar este libro como elemento aleccionador provisto de moralina, ya que no tendrá efecto sobre el niño. Dejar a la historia, a la poética, hablar por sí sola, es un recurso mucho más inteligente y eficaz… el niño se identifica con los personajes, con los modelos planteados, y va configurando su propio sistema de valores.

Considero que este libro es adecuado de cuatro a cien años. Tiene muchos valores implícitos y para todas las edades se pueden encontrar elementos susceptibles a tratar. Y como obra de arte que es, llega a todos. Además, como analizaremos más adelante, uno de los personajes positivos es el niño… y sabemos que los adultos que saben conectar con esa parte pasada pero no perdida que es la infancia, parecen estar en clara ventaja en la vida...
Como este trabajo es sobre el Educación Infantil, vamos a enmarcarlo para trabajarlo de cuatro a siete años.


Ficha bibliográfica

Título: El árbol generoso
Autor e ilustrador:
Shel Silversten
Editorial:
Kalandraka
Fecha 1ªedición:
1964
Edad en la que me baso para realizar este análisis: de cuatro a siete años

Biografía

Sheldon Allan Silverstein
Sheldon Allan Silverstein (25 de septiembre de 1930 - 10 de mayo de 1999), más conocido como Shel Silverstein, fue un poeta, cantautor, músico, compositor, dibujante, guionista y autor de libros para niños estadounidense. 
Su biografía es impactante y quizá deba leerse después de haber procedido a la lectura de sus obras.
https://es.wikipedia.org/wiki/Shel_Silverstein


Notas sobre la primera edición y su entorno

La primera edición de este libro es de 1960. Son los años en los que el hombre, tras arrasar, como por cierto no ha dejado nunca de hacer, la naturaleza de manera despiadada, empieza a tomar conciencia de cuidar el medioambiente. Es este uno de los temas que veremos más adelante. 

Es un libro en blanco y negro, tan de moda en la época a través del op-art y del cómic americano e italiano. Lo más reseñable en esta época es el movimiento de artistas Minimal que surgen en Estados Unidos de la mano de artistas como Robert Morris, Sol Lewitt, Carl Andre o Donald Judd. Ahora parece que minimal es todo, sin embargo, el auténtico minimalismo de los 60´s, arte de las estructuras primarias, sustituye el arte objetual por el arte del concepto. El mensaje y la representación artística se reduce a lo primario; nada gratuito se expone a la mirada: Less is more. Así sucede también en el libro, que parece hacerse eco de este lenguaje artístico: todo está reducido a la esencia de lo que simboliza: no hay uso de color, y cada palabra, cada frase, encuentra una significación profunda.

La tipografía, típico modelo academicista anglosajón, con las letras “que no se dan la mano” (lo contrario a lo que aquí consideramos correcto), y un pequeño vestigio de temblor en su trazo.

El dibujo, de línea, simple, expresivo y caligráfico, “habla” al lector al igual que lo hacen las frases del libro. En algunas páginas, ni siquiera encontramos texto. Aquí tenemos un ejemplo de cómo palabras y dibujos se funden, con esta bellísima dedicatoria del autor a su novia de entonces:


La portada es el único soporte en el que encontramos color: una portada verde salpicada con pequeñas manchas rojas, que expresan la serenidad y presencia de la Naturaleza atravesada acaso por las buenas y malas pasiones humanas.

El formato es manejable para niños en etapa de infantil: las hojas quizá son algo finas, por lo que habrá que esperar a “entregarlo en mano” a niños de cuatro o cinco años.



Temática y personajes

Acerca del tema principal, es interesante cómo este es un libro sobre el que ni los especialistas ni los lectores se ponen de acuerdo. Mientras unos consideran el tema principal como el “amor incondicional”, otros se decantan por “un inquietante relato sobre el eterno egocentrismo y egoísmo del ser humano”. Y es que este libro no deja indiferente; igual de amado que de odiado, figura en la lista del New York Times de “Los cien libros que podrías odiar”.


Mi pretensión es ver aquí cómo estos temas a los que apuntan los lectores conviven en la obra. Y es que no podemos obviar el aparente tópico: ¿es posible hacer el bien sin la conciencia del mal? ¿Qué es una buena historia infantil? ¿Acaso no apelan las temáticas de las grandes historias a la oscuridad, al miedo y a los instintos de destrucción? Para nuestra justificación habría que buscar en la teoría de Freud del Eros y el Tánatos (impulsos de amor y de muerte) o en la visión bettelheimiana (Psicoanálisis de los cuentos de hadas)

Por eso en este libro es especialmente importante el diálogo tras la lectura, como veremos más adelante: en este debate, el niño encontrará sus propios valores y elegirá qué caminos tomar.

El tema principal del libro es, sin lugar a dudas, la perversión del adulto, que al alejarse del mundo infantil, se aleja de su propia naturaleza.

Temas secundarios son por tanto el respeto a aquella, los valores, y la manera en que se ama, porque se puede amar bien o mal. El libro comienza:

Había una vez un árbol
Que amaba a un pequeño niño.

Esto no es otra cosa que la presentación del primer personaje. Es el dibujo el que nos da información sobre el árbol: robusto, alto, con un gran tronco, grandes ramas y frutos. El texto, sin embargo, sólo le da peso a un aspecto de la psicología del árbol: es, ante todo, un ser que ama. Esto, como diría Hamlet, le permite ser. Pero también, desde la segunda frase, encontramos un recurso de personificación. Al amar, nos exponemos, puesto que nos colocamos en el otro; en tanto que no nos corresponde, nos destruye.

El niño le corresponde: el autor pasa a presentarnos el segundo personaje. Pequeño, sensible, el autor le describe inmerso desde el ideario barroco, puesto que el niño se mimetiza y funde con el árbol; está, al fin y al cabo “hecho de la misma materia”. En varias páginas encontramos que el texto describe acciones del niño, pero en la ilustración sólo aparece el árbol.



Todos los días viene, y juega. Es esta mención del autor de gran importancia, puesto que el niño es bueno en tanto que mantiene el juego simbólico, juego que como veremos abandonará en el futuro (en vez de ser capaz de transformarlo y adaptarlo a la vida adulta), con las consiguientes consecuencias nefastas. El bello árbol, expresión, como todos los árboles, del dominio del tiempo: dominio con el que el niño va a acabar.

El niño se mece en las ramas del árbol, recoge sus frutos, juega a ser el rey del bosque y al escondite, se refugia en su sombra.

Y el árbol es feliz.

Hay por tanto una reciprocidad en el afecto, en el que los dos dan y reciben. Los dos son felices porque el otro es feliz.

El niño llega a la adolescencia, y por supuesto, no hay mejor lugar para compartir sus primeras experiencias amorosas que debajo del árbol.

Pero el tiempo sigue pasando, nos encontramos con una gran elipsis temporal, y el niño se hace mayor.
Y aquí viene la parte espeluznante, esa en la que al escucharla los niños (os aseguro que los he visto) se echan las manos a la cabeza, se encogen desde dentro de su cuerpo, se tapan ojos y oídos. Y es que es el momento de presentar al tercer personaje, ya que el niño, al volver a la historia convertido en adulto, no es el mismo.

Este creo que es, o debe ser, el tema principal a tratar: el niño, al crecer, puede perderse en el bosque y no encontrarse. El hombre que vemos no tiene nada que ver con aquel niño. Ha perdido el contacto con la naturaleza. Sus valores están trastocados y pervertidos: la bondad, la empatía, la tolerancia (por citar algunos) se han sustituido por la avaricia, la codicia, el poder.

-Ven, niño. Mécete en mis ramas.
-Yo ya soy grande para trepar y jugar
Quiero dinero para divertirme y poder gastarlo (…)

Y he aquí donde empieza la descuartización del amor…

El “niño”, como acertadamente, aunque sin respuesta, le sigue llamando el árbol durante toda la historia (pues reconoce en el adulto la esencia infantil), le pide en diferentes etapas de su vida al árbol sus frutos, luego sus ramas y finalmente su tronco, despojándole de todo. El hombre claramente “ha fracasado”: aun acabando con el árbol, necesita de su ayuda, de su destrucción, para su propia supervivencia. El final no puede ser menos melodramático: cuando al árbol no le queda nada y es tan sólo un viejo tocón, le pide al niño que descanse sobre él.

Ven, niño, reposa
Y el árbol fue feliz.

Lectura dialéctica
Después del impacto que produce en el niño esta lectura, hay que aliviar la tensión a través de las preguntas que se plantean en la lectura. Esto produce la experiencia catártica fuera de la lectura y no dentro de ella.

Sin desvelar, proporcionando buenos instrumentos para la navegación, el maestro o lector guía, para que el niño saque sus propias conclusiones.

Es bueno empezar por el principio. Trasladar al niño dentro de la historia, llevarle a alcanzar sensaciones similares, es un recurso muy poderoso. El niño vive “lo bueno de la vida” con el árbol: se mece en sus ramas, se cobija en su sombra, está, en definitiva, en comunión con la naturaleza. Unas buenas preguntas serían:

-¿Habéis sentido algo parecido? ¿Os habéis mecido en las ramas de un árbol, en las olas del mar, en los remolinos de viento?.

El lenguaje con los niños a menudo cuánto más poético mejor, puesto que deja la puerta abierta a sus propias conclusiones. Enseguida levantarán la mano intentando dominar su pasión y su paciencia:

-Pues yo en verano meto los pies en el agua,
-Pues yo me quedo más hipnotizado con el fuego que con los dibujos,
-Pues yo también estoy seguro de que mi perro me entiende, etc etc.

Una vez que vayamos avanzando en la revisión del libro, llegamos al tema principal. A menudo hay que “saltar al final” para poder comprender el conflicto central.

-Qué os parece este señor, os gusta?

Las respuestas son evidentes:

-A mi no me gusta nada, es malísimo, sólo piensa en sí mismo, ha destruido el árbol etc etc.

-Pero y el niño, os gustaba?. La identificación se produce en el niño con el niño y el árbol; no así con el adulto de la historia. Llegamos aquí al planteamiento principal:

-Qué le ha sucedido al niño (que no hemos visto) para volverse así.
Aquí los niños muestran una inteligencia muy superior al adulto. Para ellos, nadie es malo porque sí, y así debemos inculcárselo. Como la bruja Babayaga, “que sólo tenía un diente, y tanto se rieron los niños que se volvió mala, mala”.
Sus respuestas son sobrecogedoras: (recopilo algunas sacadas de mi aula)

-A lo mejor no tenía mamá
-Su familia no le trató bien
-Le pasó algo horrible, que no sabemos
-No tenía padre
-No le hacían caso
-Se perdió y cuando volvió a encontrar el bosque, estaba atontao
-Su mamá trabajaba mucho
-No le enseñaron bien las cosas

Todos son, sin duda, buenos argumentos. El “señor malo”, como ellos se refieren a este niño perdido, no puede haberse hecho malo sin más. Sin duda puede haberle pasado algo triste, puede estar enfadado, o simplemente, como dice la última frase, no le han enseñado bien. Sin duda, en su aprendizaje han primado unos valores que no son los auténticos.
Al igual que Max de Donde viven los monstruos, con una madre demasiado ocupada, acaso visita a sus propios monstruos, el niño de esta historia no puede volver de esta visita. Y no sale del bosque nunca más.


Bibliografía:
Sigmund Freud: Tres ensayos sobre teoría sexual. Biblioteca clásicos El País, 2001.
Bruno Bettelheim: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Planeta, 2012.
Teresa Colomer: Andar entre libros, la lectura literaria en la escuela, 2006.









lunes, 7 de marzo de 2016

Actividades de clase

Esta es la etiqueta a la que acceder a las actividades de clase.

Indice

1.- Reseña de un libro de Literatura Infantil: El árbol generoso

2.- Adaptación de un cuento de los Hermanos Grimm: Todas las pieles

Sala II: Encuentra las diferencias

Cómo las diferencias enriquecen nuestro mundo y nuestro pensamiento es la función de esta sala. El tratar esta temática con los niños es muy importante para que ellos puedan ir construyendo su propio sistema de valores.

Adjunto aquí varios clásicos:


Elmer
David McKee
Beascoa

Las diferencias asustan, quizá porque en el fondo deseamos aquello que no conocemos... Las peculiaridades de Elmer acaban uniendo a todos los elefantes y creando nuevas celebraciones.




















Orejas de mariposa

Hay niños con sus diferencias bien asumidas. ¿Quizá a esta niña le hayan querido mucho y también puesto límites en casa?. Orejas de mariposa es un ejemplo de buen humor ante la vida y cómo aceptarse a uno mismo es tan importante para sentirse feliz.




Palabra con M: Metáfora



metáfora

Del lat. metaphŏra, y este del gr. μεταφορά metaphorá.

1. f. Ret. Traslación del sentido recto de una voz a otro figurado, en virtud de una comparación tácita, como en las perlas del rocío, la primavera de la vida o refrenar las pasiones.

metáfora continuada

1. f. Ret. alegoría (‖ plasmación en el discurso de un sentido recto y otro figurado).

domingo, 6 de marzo de 2016

Palabra con H: Hípetra





El nombre del blog, Hípetra, hace referencia a las salas de los templos egipcios, literalmente "a cielo abierto", es decir, descubierta, sin techumbre. Así, este aula es cibernética, voladora, sin techo y abierta a todos.

 Se denomina así al patio porticado de los templos situado inmediatamente a la entrada. Hasta él podía acceder el pueblo que, sin embargo, no tenía acceso a la siguiente estancia, la sala hipóstila, reservada para la aristocracia. (RAE)


Diccionario

 

En este diccionario irán apareciendo palabras relacionadas con la Literatura Infantil, o no.

Se usarán numerosas fuentes, comprobando qué diferentes pueden ser los significados que se otorgan desde diferentes diccionarios.
Y es que la RAE, la Sra. Moliner o Wikipedia no siempre parecen estar de acuerdo.

A esto hay que sumarle el propio significado representativo que cada persona otorgue al signficante.
.

martes, 23 de febrero de 2016

Sala I: LOST

El hacerse mayor, el dejar el chupete o separarse de la familia para ir a la guardería, el miedo a perderse y quedarse solo... son separaciones necesarias por las que el niño debe pasar. Algunas las impone una Sociedad que a menudo "tira "demasiado de nosotras: otras son necesarias para el desarrollo del niño y su búsqueda de autonomía. En el cuento y en el libro ilustrado se ha trabajado simbólicamente estas separaciones a través del concepto de pérdida..

Presentamos aquí tres buenas elecciones para trabajar este aspecto:



                                                                  
Bumba y Bembé, el elefante
El elefante bembé está llorando, pues a perdido a su familia. Bumba le ayuda en la búsqueda...


TítuloBumba y Bembé
Autor: Cyril Hahn
Editorial: Edelvives
Año de edición: 2005
ISBN: 978-84-263-5908-7
Páginas:14
Idioma: Castellano







                                                                    Caperucita Roja
Este libro, aunque lo trataremos en el apartado de cuentos populares, implica la separación de la familia característico en una edad infantil más avanzada, en la que el niño se debe independizar, y los peligros (reales y simbólicos) que conlleva hacerse mayor.




Smokken (El chupete) 
En este libro el bebé pierde su chupete. Su encuentro le posibilita precisamente para hallazgo: ser capaz de dormir solito.

Ficha por rellenar!!


Son numerosos los libros infantiles o cuentos populares que nos hablan de la pérdida. Esto no es casual, sino un recurso necesario para que el niño pueda elaborar todas las Pérdidas/Separaciones que va a vivir a lo largo de su vida.

Esta elaboración se produce a través del plano simbólico. este puede estar planteado en el juego, el el dibujo, en la narración de historias...
En el caso del libro infantil, el aspecto simbólico estará caracterizado por:
-La escucha de la historia, dramatizada en su justa medida por el ponente
-El visionado de las ilustraciones, de carácter artístico
-El ritual de comienzo y final de la lectura

En definitiva, todo obedece a la representación simbólica a través de la cual nos comunicamos y construimos la realidad, dimensión tan importante en la edad infantil.

El niño, a través de estas acciones, construye la realidad, y sostiene esta construcción a través del lenguaje.

La pérdida se plantea por tanto de manera simbólica, artificial, lo que permitirá elaborar de una manera positiva la pérdida real.

Muchos son los tipos de pérdida por los que el niño atraviesa. Sin duda, la más significativa, es la pérdida del estado fetal. El bebé, inmerso en un mundo idílico, es expulsado repentinamente “al vacío”, después de sentir una enorme constricción en su cuerpo. Ha perdido en un momento el medio ambiente perfecto, la flotación y la nutrición sin preocupaciones.
Esta pérdida producida en el alumbramiento provoca una impronta en el ser humano que se mantendrá para siempre.

Otras pérdidas importantes le suceden: La ausencia inevitable del objeto materno (que puede personificarse en una o dos personas de diferente género, siempre que cumplan esta función), el destete, el pañal, el chupete, la guardería… no son más que separaciones naturales y necesarias, que se suceden una tras otra pero que no están exentas de ser un proceso de duelo en el niño, provocando a menudo angustia y dolor.

No sólo las pérdidas necesarias se trabajan a través de lo simbólico. El perderse, esto es, quedarse sólo (la pérdida del objeto), el abandono, es el Gran Fantasma del niño, que no es capaz de sobrevivir sin los cuidados biológicos necesarios, pero tampoco sin los cuidados afectivos. La "resolución simbólica" de este miedo ayuda mucho al niño a formarse una seguridad y una autoconfianza.
Un ejemplo de esto Es Bumba y Bembé.

La pérdida se usa también como metáfora de la independencia: el ser humano necesita perderse del adulto para tomar sus propias decisiones, y estas deben ser correctas. 
Un claro ejemplo es Caperucita y las amenazas que supone tener que independizarse. (Al tratarse de un cuento popular, se encontrará la ficha en la Sala de Cuentos Populares)

Otra manera de tratar la pérdida es perder un objeto que simbólicamente se encuentra en uso, y para cuyo extravío el niño no se siente preparado. 
Es el caso del libro de Smukken (el Chupete). 



El supuesto de la pérdida de un ser querido, al ser irremplazable, la vamos a tratar en otro apartado.


domingo, 7 de febrero de 2016

MUSEO DE LIBROS



Las obras de este museo son los libros o cuentos, como muchas veces los niños acertadamente se refieren a ellos. La palabra cuento contiene en su semántica todo el carácter simbólico que debe poseer un buen libro de Literatura Infantil.

Estos contienen ilustraciones evocadoras y un lenguaje simbólico que transforma al niño a través de la experiencia estética y artística.

Y es que el libro de Literatura Infantil es un objeto artístico. Por eso he decidido ir haciendo una selección e ir colocándolos por diferentes salas simbólicas.

En cada Sala se encontrará un tema tratar a través de la lectura, y podrá tener dentro uno o más libros.

Los libros tendrán las características de texto literario que hemos enunciado en la introducción.

Se sugerirán posibles actividades para hacer con los niños (en casa o en clase) asociadas a la lectura.



sábado, 6 de febrero de 2016

El conocimiento inútil


Me apetecía estrenar este blog presentando ZEROSEIS,  la página de Silvia, compañera, maestra y amiga. Un compendio de inteligentes y creativas propuestas para hacer con niños de cero a seis años.

Aquí os dejo el enlace del artículo de Silvia “El conocimiento inútil”,  seguido de una entrevista muy interesante a Roger Schank,

así como un enlace a la etiqueta de su blog de "bellos libros"



¿Qué es esto? ¿Y Literatura...?


¿Qué es esto? 

Este blog personal es un ejercicio para el aula universitaria de Literatura Infantil

dirigido por la Dra. Irune Labajo González, experta en la materia

híbrido de reflexiones de aprendizaje, actividades para hacer con niños, cuentos, artículos…
sobre Literatura Infantil

A mis compañeros y tutora, os saludo especialmente, porque aunque esto sea un blog abierto, sois los que no vais a tener otro remedio que leerme.
¡Así que os doy las gracias y os deseo mucho ánimo en esta aventura!


Y a cualquier paseante fugaz de este blog



Bienvenido



 ¿Y Literatura...?

La literatura infantil es una experiencia estética y artística en el niño; le ayuda a transformarse, a elaborar sus miedos, en definitiva, a representar la realidad.

El texto literario es un objeto artístico, y como tal debemos tratarlo y relacionarnos con el.


Para ser calificado como tal, debe cumplir estas características:

-Es un objeto artístico en sí mismo

-Tiene  una función poética

-Utiliza el lenguaje simbólico, usando de manera especial las estructuras lingüísticas

-Pertenece a los siguientes géneros literarios: 
narrativa, poesía, texto teatral.
-Tiene que ser un texto de ficción.

Bien, pues con estos criterios nos emplazamos a entradas nuevas…

Nieve vírgen



La realidad, sin imaginación, es la mitad de la realidad
                                                                           Luis Buñuel